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Cartago, una de las más famosas ciudades de la antigüedad, fue fundada en la costa norte de Africa por los fenicios de Tiro en el 814 AC.

La fundación de Cartago fue pronto seguida por el establecimiento de otras ciudades fenicias en el Mediterráneo occidental, sobre las cuales Cartago gradualmente ganó preponderancia. Desde entonces, el poder cartaginés se expandió a España, Sicilia y otros numerosos lugares en el Mediterráneo del norte. Esto los llevó a un conflicto directo con los imperios de Roma y Grecia. A comienzos del siglo tercero AC Cartago tenía la supremacía en el Mediterráneo occidental, disfrutando de la seguridad de su poder marítimo y comerciando con sus bases en Sicilia, Cerdeña, y España, así como con las costas de Africa. Roma estaba luchando penosamente por lograr el dominio de la Italia central y del sur, donde había absorbido el poder y la cultura de los etruscos, y gradualmente forjó una federación de pequeños estados. He dejado claro que no iba a haber lugar en el Mediterráneo para ambos, Roma y Cartago. El choque se dio en Sicilia con la Primera Guerra Púnica (264-241 AC), al final de la cual Cartago perdió Sicilia, el poder marítimo, y la seguridad. La victoria en Sicilia indujo a Roma a cruzar a Africa y atacar a Cartago directamente. Afortunadamente para Cartago, un hombre fuerte y honesto apareció en la persona de Amilcar Barca, un comandante que había evacuado a sus fuerzas de Sicilia sin haber sido derrotadas, al mejor estilo de Dunkerke. Amilcar fue capaz de sofocar un motín en el ejército cartaginés y restaurar el orden entre sus tropas. La situación política de ese entonces tenía un aspecto extrañamente moderno. Roma seguía una política de guerra fría, durante la cual anexó Cerdeña y Córcega, incrementó las reparaciones que Cartago había sido obligada a pagar, e hizo claro que el interés de Roma en España llegaba desde el norte hasta río Ebro. En Cartago Amilcar Barca tenía el apoyo popular y el comando de las fuerzas armadas. Con éstas procedió a consolidar las posesiones cartaginesas en España, en las apariencias para que Cartago pudiera pagar las reparaciones a Roma, pero de hecho, porque él veía a España como una fuente de aprovisionamiento de hombres y recursos, y una base desde la cual atacar a Roma. Con su yerno Asdrúbal y sus cuatro hijos Aníbal, Asdrúbal, Hanno y Mago, la “estirpe del león”, como los llamaba, Amilcar Barca pronto tuvo éxito en convertir a la España del sur en una especie de imperio donde la “Nueva Cartago”, o Cartagena, fue fundada. En 228 AC murió en batalla y fue sucedido por su yerno Asdrubal quien a su vez fue asesinado siete años después en 221 AC. 

El surgimiento de Aníbal

El ejército eligió unánimemente a Aníbal para ser su general a pesar de su juventud, "debido a la agudeza y valor que había mostrado en su servicio". Aníbal tenía entonces 26 años. Este hombre extraño cuyo nombre significa "la alegría de Baal", había acompañado a su padre en su campaña en España a la tierna edad de nueve años. Amilcar Barca había estado de acuerdo en tomarlo en su campaña con una condición: que antes del sacrificio que él estaba haciendo entonces a los dioses, Aníbal debía jurar enemistad eterna a Roma. Jamás ningún hombre mantuvo más fielmente una promesa. Su primer éxito militar fue en Sagunto, lo cual precipitó la Segunda Guerra Púnica. Está claro que Aníbal tenía un plan cuidadosamente preparado, el cual había heredado de su padre. Su objetivo era nada menos que la destrucción del poder de Roma antes que Roma destruyera a Cartago, y el punto más vulnerable de Roma estaba en Italia misma, donde la federación romana de estados todavía estaba desperdigada y las tribus celtas de galos en el norte estaba revueltas. Pero dado que Cartago había perdido su fuerza naval, ¿cómo iba a hacer Aníbal para llegar a Italia con sus tropas? Los romanos jamás imaginaron que podría o que haría el viaje de 1500 millas atravesando España, a través de los Pirineos, el sur de Francia, y los Alpes; pero eso era exactamente lo que Aníbal había decidido hacer.

Habiendo decidido su estrategia y elegido su teatro de operaciones, Aníbal siguió dos principios que han durado hasta nuestros días: el de tomar la iniciativa, y el de mantener el elemento sorpresa. El 218 AC puede parecer muy lejano, pero la forma en la que Aníbal encaró su tarea es idéntica a la forma en que lo haría un oficial competente en nuestros días. Aníbal primero aseguró sus bases en Cartago y Cartagena. Luego recolectó información detallada sobre los países y pueblos a través de los cuales se proponía pasar. Con este propósito buscó mensajeros (oficiales de enlace) de las tribus galas y pidió detalles sobre las características y la fertilidad de las tierras al pie de los Alpes, en medio de los Alpes, y en las planicies del río Po. Hoy en día, este aspecto de la planificación de Aníbal se engloba en lo que llamamos logística. También quiso conocer el número de habitantes de los distintos pueblos, su capacidad militar, y particularmente si su enemistad hacia Roma se mantenía. Esto podría llamarse inteligencia política. Estaba particularmente ansioso por triunfar sobre los galos a ambos lados de los Alpes, ya que sólo podría operar en Italia contra Roma sólo si los galos cooperaban con él. Entonces planeó una campaña de guerra psicológica, para levantar y mantener la moral de sus aliados y minar la voluntad del enemigo y su capacidad de resistencia. Las operaciones comenzaron con gran secreto en la primavera del 218 AC luego de una arenga a sus tropas. Movidos por sentimientos de indignación y deseo de conquista, sus hombres gritaron su voluntad de seguir a Aníbal. Este los alabó por su valor y fijó la fecha del comienzo de la campaña, el cual quedo establecido para fines de marzo. En este episodio las acciones de Aníbal fueron igualadas dos milenios después por otro joven general casi de su misma edad, que como él iba a cruzar los Alpes, y que de esta forma establecería su reputación: Napoleón Bonaparte.

Desde Cartagena Aníbal hizo marchar a su ejército hacia el Ebro y luego hasta Ampurias, a través de los Pirineos y a lo largo de la costa del Mediterráneo a través del sur de Francia, combatiendo mucho durante el trayecto. Hasta Rhone hay poca duda sobre la duda que siguió el ejército de Aníbal; pero desde allí sobre los Alpes hasta Italia la ruta de Aníbal ha sido motivo de discusión durante dos milenios.

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